“NUEVOS TRADICIONALISTAS. EL FOLKLORE EN LA NUEVA MÚSICA CONTEMPORÁNEA.”

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    MESA PAM EN BIME PRO 2021. JUEVES, 28/10.

    PALACIO EUSKALDUNA, BILBAO.


    Después de dos años de encuentros digitales, la industria se echaba de menos y BIME fue un lugar de encuentro y reencuentro. Agitación, saludos y grandes dosis de alegría en la vuelta la vida después de tantos meses de incertidumbre. Al borde de la ría, dentro de ese coloso de acero corten, celebramos que la música nos había mantenido vivos y con esperanza. 

    Por quinto año consecutivo, PAM quiso poner su granito de arena y añadir reflexión a la actualidad, pero en esta ocasión, en lugar de señalar los fallos -propios y ajenos-, las complicaciones crecientes del periodismo musical y los cientos de problemas añadidos a esta industria fascinante que atrapa, pero desgasta, se trató de señalar lo bueno. Y uno de los asuntos más relevantes de los últimos años es la cantidad de artistas que están trabajando con músicas tradicionales. Bien merecía un análisis este fenómeno en el que están imbuidos un buen número de artistas. #PremioRuido ya había señalado esta cuestión en agosto de 2019 con su Playlist ‘“Nuevos Tradicionalistas” y una breve entrada en nuestra web. Ahora se trataba de profundizar y contar con varias voces expertas. 

    Nos acompañaron sentados de izquierda a derecha, Estefanía Serrano de Plan B, Marta Salicrú de Radio Primavera Sound, Tomás Mayo como moderador, Queralt Lahoz en representación de sí misma y Alan Queipo de Raso Estudio. 

    Tomás Mayo de Altafonte y miembro de la junta directiva de PAM, llevó la mesa con su fluidez verbal acostumbrada y fue dando paso a las (y los) participantes con diversas preguntas que, desde el principio, levantaron varias reflexiones. Quienes estaban en la mesa conocen bien la materia y el intercambio verbal se produjo con cierta facilidad. A saber:

    Que la búsqueda de la tradición no es un fenómeno nuevo, pero si bien desde hace años, el flamenco era el género “tradicional” por excelencia, el abanico se ha abierto y mucho. En ese sentido, los músicos que proceden de llamadas “nacionalidades históricas” (en especial, las tres que tuvieron Estatuto en la República, Galicia, País Vasco y Cataluña) han tenido una alta convivencia con sus músicas tradicionales que, además, han recibido un fuerte apoyo institucional y, en muchas ocasiones, se emplea incluso como herramienta política. 

    Estas regiones han ejercido de avanzadilla y han mostrado diversas maneras de emplear la tradición como un elemento vivo que crece y respira sobre el que se puede trabajar y no sobre un cadáver al que hay que venerar sin posibilidad de incorporar nuevas miradas. Pero, lo más importante sucede en el terreno del discurso ya que la elaboración artística de estas músicas es percibida como tendencia “progresiva” y no como algo “conservador”. De hecho, la mayor parte de la mezcla entre lo “tradicional y lo nuevo” se hace con electrónica, generalmente ubicada en la vanguardia estética y quizás también ideológica. 

    Una vez que se habló de todo el proceso de resignificación del cómo y el dónde, todas ubicaron el momento clave momentode la difusión y universalización de este modelo de diálogo entre electrónica y música tradicional a partir del éxito de Rosalía. Desde ese momento es cuando, por ejemplo, surge el debate popular más allá de los círculos musicales, en torno la cuestión de la “apropiación cultural” que, como bien se dijo en el debate, no deja de ser una forma de “repartir carnets” y así legitimar a unos y denostar a otros. Aunque no es algo que Rosalía inventase, a partir de ese momento, el foco se pone sobre los artistas que tienen la tradición como discurso central.

    La función de PAM es hablar de música, de reflexionar sobre ella y que también los artistas tengan voz. Así que en esta charla no podía estar exenta una creadora. Se contó con Queralt Lahoz, de 30 años, una de las cantantes con más futuro de la escena y que tomó parte muy activa en el diálogo con las ideas muy claras. Si bien habló del aprecio que sentía por la música de sus abuelos porque estaba íntimamente ligada a la idea del esfuerzo y de buscar un futuro mejor, también despertó las sonrisas de los asistentes cuando dijo su disco “Pureza” llevaba ese título como forma de molestar o incomodar levemente a los puristas. Y es que para Lahoz la pureza es su “yo actual” y no otro, ya que el pasado que vivió es el que le corresponde y no otro. 

    Si hubo un asunto que copó el interés o que resonó con más fuerza fue el de nuestra relación con Latinoamérica. Tuvimos la fortuna de contar con el argentino Alan Queipo que desde su estudio y desde Radio Gladys Palmera, hace una labor tremenda en la tarea de la construcción de puentes sobre el Atlántico. Y es que el primer puente es la lengua, el castellano o español que liga a casi 500 millones de hablantes. Otro puente, desde hace dos décadas, es internet que en el breve sonido de un click se salta miles y miles de kilómetros que antes eran abismo y ahora son abrazo y cercanía. España mira a Latinoamérica más que nunca, también como parte de su patrimonio y es que a nadie le pasó desapercibido que el acervo cultural del otro lado del Atlántico siempre ha tenido un peso importantísimo en su música y que incluso cuando en plena década de los 90, España vivía en fiebre anglófila, Latinoamérica ya exportaba artistas y discos con personalísimo y particular ADN. 

    Las cabezas pensaban y con la mente en forma, la mesa PAM lanzaba una última sugerencia. Estefanía Serrano y Marta Salicrú intercambiaban esta reflexión: 

    ¿y si esta tendencia pudiera llamarse “nueva canción protesta”? Para lanzar sus quejas al mundo, en los años 60 y 70 se miraba a los cantautores americanos o a los “chansonnier” franceses. Ahora, lo hacemos fijándonos en lo que llevamos dentro. 

    Y así, después de una hora de conversación repleta de ideas, Tomás agradeció a la mesa, despidió el encuentro al mismo tiempo que decidíamos a qué otra actividad BIME íbamos a ir.

    Mirar dentro para ver fuera. Buscar en el pasado para crecer hacia el futuro.

    ¡Gracias y hasta el año que viene!