Periodismo urbano. La red como último soporte del nuevo crítico musical.

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    BIME PRO
    SALA PRO (Online)
    Lunes, 26 de octubre. 2020.

    Periodismo urbano. La red como último soporte del nuevo crítico musical.

    Esther Al-Athamna: AR en The Orchard. Mondo Sonoro. 
    Leonora Casacu. Ladradora. 
    Quique Ramos. El Bloque.
    Modera: Tomás Mayo PAM

    Abrió BIME PRO 2020 con la charla on line organizada por PAM sobre periodismo y músicas urbanas. La apertura no pudo ser más interesante, si bien se echó en falta disponer de algo más de tiempo y la agilidad natural que se producen en los coloquios presenciales. De todas formas, Mayo moderó de forma fluida, rápida y el paso entre las intervenciones no fueron nada rígidas.

    La idea que jalonó toda la conversación fue que habían nacido nuevos programas y medios habían nacido para profundizar en una serie de estilos que no recibían la atención periodística necesaria. También que no sólo era importante crear esos contenidos sino que el valor consistía  en ponerlos a disposición de este público. No sólo es el “qué” sino el “cómo”. Ese público ya no recibe la información por medios tradicionales y el hallazgo reside en comprender los códigos que maneja la gente más joven. Aunque se ha pasado de la palabra a la imagen, la información sigue interesando a la generación Z. Eso sí, existen ciertas diferencias con el público más veterano del rock o del indie y es que, por ejemplo, los más jóvenes no empatizan con el tipo de crítica demoledora que se hace contra algunos discos y que tanta repercusión e importancia tienen en ciertas escenas. El valor en la música urbana no se genera en vertical, de manera jerárquica desde arriba hacia abajo así que la tarea del crítico “a la antigua” no tiene sentido en las llamadas músicas urbanas.

    Tanto un programa y una distribuidora independiente como El Bloque y The Orchard funcionan por la necesidad de satisfacer a un numeroso público que, sin embargo, no encuentra esa atención en lugares tradicionales. Sin embargo, durante el coloquio, apareció “La Resistencia” como ejemplo de programa híbrido: se emite por televisión, pero también se consume en You Tube; da espacio a artistas nuevos, pero su audiencia no es tan joven como la que tienen dichos cantantes.

    Quique Ramos tuvo a bien matizar la etiqueta “urbana” y explicó que es una generalización enorme y que convendría diferenciar entre dembow, dancehall, trap, reggaeton o el género que sea. Instó a los periodistas a ser menos perezosos.

    Volvió a salir a la palestra la inevitable y fundamental pregunta sobre la función del periodismo y la crítica musical. Todos coincidieron en que el periodismo ya no tenía esa función informativa porque las bandas tienen una comunicación directa con sus seguidores a través de las redes. Sí hubo división de opiniones en otra cuestión que aún está a debate que es el asunto sobre el periodista como agente que selecciona y hace una criba de toda la oferta disponible. Ramos ya no ve que el periodismo musical trabaje como prescriptor porque un gran segmento del público sabe dónde buscar su música. Leonora Casacu, sin embargo, afirmó que, precisamente, esa labor era más necesaria que nunca ya que el caudal de información era más copioso que en cualquier otro momento. Remarcó que incluso las listas que podían desarrollar Pitchfork o incluso Kylie Minogue servían para desbrozar el tupido bosque y quedarse con lo que resultara de mayor interés.

    En una mesa online tan paritaria como la de PAM tenía que hablarse del aumento de las mujeres en la música y no sólo en las relaciones públicas como era más o menos habitual hasta ahora sino también en el periodismo y desde el escenario. Cada  mujer que participa sirve de modelo a otras y eso provoca un crecimiento de presencia femenina que es ya imparable. También eso genera una multiplicación y variedad de discursos, y es que, en gran parte, el periodismo en general y esta mesa en concreto consiste en servir de altavoces que ayuden a explicar movimientos que no tienen cabida en otros lugares.