ESCENA BARCELONA: DE LA GAUCHE DIVINE A BCORE

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    Este fin de semana pasado se celebró la 10 edición del Cruilla Festival. ¡Diez años ya! Desde Premio Ruido les damos la enhorabuena por este aniversario. Pero lo más llamativo es que coincidiendo en las mismas fechas y a 40 kilómetros de distancia, el Vida Festival en Vilanova i la Gertrú registró unas cifras excelentes y un cartel confeccionado también con buena presencia de bandas catalanas y barcelonesas.

    Y es que la Ciudad Condal es única, con vocación portuaria y de intercambio, con gusto por la vanguardia, moderna y dueña de una poderosa inquietud cultural. 

    Ya en la década de los 50, Barcelona contó con un evento de primer orden: una actuación del pionero del rock, Bill Haley. ¡Bill Haley! Aunque lo que marcó definitivamente la escena musical fue la presencia de la Sexta Flota americana. Los marineros norteamericanos dejaban los discos que les gustaban en los bares que frecuentaban para pasmo de la población local. (Hay incluso un recorrido turístico por esos locales). Puede que eso estimulara el lado rockero de los barceloneses porque, en la década de los sesenta, las bandas de rock eran de Barcelona (Salvajes, Cheyenes, Los Sirex, Lone Star…), mientras que el pop o el twist se hacía en Madrid.

    Pero no sólo hubo rock. Sólo una burguesía como la barcelonesa, de gran inquietud cultural pudo dar lugar a un mecenas como Oriol Regàs. Entre lo mucho que se le debe está el haber apadrinado a los sevillanos Smash. “El garrotín” es prácticamente la primera y logradísima mezcla entre flamenco y rock. De esa fuente aún se sigue bebiendo.

    Y siguiendo con mezclas, para la historia queda la ópera-poema que Dalí que realizó en comandita con Vázquez Montalván y música de Igor Wakhevitch. El título, “Être Dieu”. Las noches en el Bocaccio (la discoteca de Oriol Regàs) dieron mucho de sí. La gauche divine, aunque no musical, fue la escena de las escenas. 

    Barcelona, de espíritu ácrata, nunca esperó a que hicieran las cosas por ella y siempre estuvo muy acostumbrada a la autogestión. La sala Zeleste fue un buen ejemplo. No sólo eran una sala, sino que también hacían de sello, management, promotora y también escuela. Un núcleo fundamental para entender los 70.

    En los 80, el cierre de Zeleste, cierto abandono de la administración pública y el traslado de las fuerzas creativas a Madrid dieron la impresión de que en Barcelona no sucedía nada. Pero Barcelona es especialista en ofrecer grandes cosas desde los márgenes. La Banda Trapera del Río desde Cornellá fueron punks entre punks a finales de los 70 y principios de los 80. Y la poderosa escena mod o de inspiración sixtie 

    (Los Negativos, Brighton 64 y, algo después, Los Sencillos) dieron lugar a una serie de canciones inmortales y una gran efervescencia musical y cultural de primer orden. 

    A partir de 1990, sin duda ha sido el sello B-Core quien ha marcado la pauta. Uno de las discográficas europeas con más prestigio y un catálogo envidiable. Es lo más parecido a Dischord que haya habido en este país. Subterranean Kids, Sibyl Vane o los seminales Standstill han aparecido bajo su ala. Y de ahí surgió también Santi Garcia, tremendo productor. Y toda esa escena, también convivió con los austrohúngaros de Astrud e Hidrogenese (estos últimos estuvieron presentes en El Vida Festival este año).

    Curiosamente, Bip Bip, el sello de Ricky Gil (Brighton 64) editó el primer mini LP de  Sidonie, el grupo que recoja la herencia sixties de las bandas barcelonesas de los 80, ciertas maneras independientes de los 90 y la vocación masiva de Love of Lesbian. La banda de Santi Balmes por capacidad de comunicación y letras de regusto surrealista. podrían ser el equivalente actual a El Último de la fila.

    Barcelona, con su espíritu abierto, ha conseguido crear un estilo propio (la rumba catalana) y dar a dos de los productores más personales y solicitados del país (Ricky Falkner y Refree) y ha acogido a talentos foráneos como El Guincho (Las Palmas), Delorean (Zarauz) o, en su momento, Gato Pérez (Buenos Aires). Pero, además, ha conseguido que una banda que canta en catalán, Manel, guste en España. (Manel están anunciados ya para la versión invernal de Cruilla en su 10 aniversario).

    Pero BCore sigue siendo el rey. Pasan los años y no bajan nunca el nivel, siguen editando discazos de jóvenes como Cala Vento (finalistas de Premio Ruido By StubHub en 2017) o de veteranos como el último álbum del enorme Joan Colomo.

    Ya lo decía Don Quijote: “Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y única en sitio y belleza”.